
El cielo también es de los mendigos
A veces, en una simple banca de bus, cabe toda la verdad de un país:
la dignidad rota, el frío de la mañana y el silencio de quienes siguen rodando sin rumbo.
Hoy entendí que el cielo también es de los mendigos, porque la tierra —al menos esta— cada vez les pertenece menos.

















